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Mientras el cura pedófilo Lorenzo sigue libre apareció una nueva víctima en Berisso

Este martes 3 de diciembre se conoció el testimonio de una nueva víctima de abuso del cura Eduardo Lorenzo, confesor del Padre Grassi, y quien actualmente posee una denuncia penal por abuso sexual con acceso carnal agravado y está libre.
La Red de Sobrevivientes de Abuso Eclesiástico de Argentina realizó la tercerea conferencia del año por la causa contra el cura Eduardo Lorenzo, quien está denunciado por abuso sexual con acceso carnal y corrupción de menores, en la que se dio a conocer la declaración de la cuarta víctima.
La conferencia se realizó frente a la sede de Fiscalía, en calle 7 entre 56 y 57, en La Plata. En la misma, Dino Bartoli, padre de Julián Bartoli, una de las víctimas que lo denunció, y abogado,en La Plata, de la Red de Sobrevivientes de Abuso Eclesiástico de Argentina; y Liliana Rodríguez, psicóloga de la Red leyeron la declaración de la quinta víctima cuyo seudónimo es Gustavo, y optó por resguardar su identidad.
Gustavo tiene 44 años, es soltero, vive en La Plata y posee un restaurante. En el relato que brindó ante la fiscal de la causa, Ana Medina, durante dos horas y media el lunes 2 de diciembre, Gustavo detalló los abusos que vivió durante 1991 y 1992 en la parroquia San José Obrero, de Berisso. Según explicó la víctima, “en ese momento tenía 16 años cuando conoció a Lorenzo”. En 1991, Gustavo estaba en el grupo scout que pertenecía a la iglesia Rosa Mística, de 23 y 54. “En ese momento Lorenzo coordinaba todos los grupos scouts a nivel regional y ahí comenzamos a tener una amistad. Al tiempo de haberlo conocido en la Rosa Mística, Lorenzo me invitó a ver grupos de scouts que tenía. Yo iba cada tanto, compartía alguna actividad, y un día me invitó a cenar a la casa parroquial, que quedaba al lado de la iglesia San José Obrero, de Berisso. Fui y como no podía volver porque era tarde, me ofreció que me quede en una habitación que tenía”.
Gustavo manifestó que “fui varias veces a Berisso. Me acuerdo que un día me dijo que estaba con mucho dolor en los pies y las piernas, y me pidió si podía hacerle masajes en los pies, y accedí porque no le encontraba nada raro. Al tiempo, una noche me pidió si le podía hacer masajes en la espalada porque estaba muy contracturado. Él tenía una cama grande y se acostó boca abajo. Cuando empiezo a hacerle masajes, él me dice que para estar más cómodo, que mejor me suba arriba de él. Lo hago y yo estaba como sentado de las rodillas de él, un poco más para arriba. Entonces él me pide que me siente más arriba porque le hacía mal a las piernas. De alguna manera buscó la vuelta para que me siente bien arriba de su culo. Siguió todo normal, y habrán pasado 10 minutos cuando le dije que me iba a dormir porque estaba cansado. Al día siguiente me desperté, desayunamos y a media mañana me fui a mi casa”.
“En una próxima visita se volvió a repetir la misma situación. Ya directamente empezaba él pidiendo un masaje en los pies, y después volvió a lo de la espalda a ubicarme en la misma posición. La segunda vez cuando yo le masajeaba la espalda, empezó a moverse, a refregarse contra mí. Pasaba esto y yo buscaba la forma de irme. Le decía que estaba casando o necesitaba algo y me iba a dormir al otro dormitorio”.
“Él siempre hacía mucho hincapié en la amistad, en la confianza, en que todo estaba bien, nada era malo de lo que hacía. Éramos amigos y estaba todo bien. Todo esto siguió pasando varias veces hasta que él se fue de Berisso para Olmos”.
Una vez que se había ido de Berisso, Gustavo detalló ante la fiscal las posteriores visitas que realizó en Olmos: “La amistad continuó con Lorenzo. Un día me llama por teléfono a mi casa y me invita a cenar afuera. Me llevó al bar Almendra, de calle 8 y 57. Ahí empecé a conocer lo que era el whisky. Esa noche en Almendra tomamos mucho whisky. Volvimos a la parroquia de Olmos, otra vez me pidió los masajes, y yo no me sentía muy bien por el mismo motivo de haber tomado alcohol. Pero le hice masajes y él siempre buscaba la misma posición, y esta vez empezó a hacer los movimientos de una manera muy exagerados. Entonces me bajé, y él se levantó y me volvió a repetir que estaba todo bien, que él se sentía muy contento con la amistad que teníamos, que no había nada de malo. Pero yo insistí con irme, y ahí me dio un abrazo e intentó besarme en la boca. Me acuerdo que le dije que era un hijo de puta y que si intentaba hacerme algo le iba a sacar la cabeza a trompadas. Me dijo que me calmara, que estaba todo bien, pero yo no le encontré justificativo a lo que hizo. Llegué a mi casa, me duché, me acosté y fue la última vez que yo fui a verlo”.
Respecto de cómo fue que se acercó a declarar, Gustavo manifestó: “Todos los días paso por la misma estación de servicio, me siento, tomo un jugo multifruta, fumo un par de cigarros y me voy. Pero ese día (jueves 14 de noviembre), llegué más temprano de lo habitual, tomé el jugo, pero no me fui al patio, me senté en una de las mesas que está en el salón. Empecé a tomar el jugo, al lado mío había un diario y jamás leo diarios; pero ese día lo agarré, lo abrí y empecé a pasar hojas sin mirar nada específico, hasta que encontré la imagen de Lorenzo y me puse a leer todo lo que la última víctima, Juan, había declarado. Cerré el diario, lo dejé al lado y volví a tomar el jugo. Agarré el diario volví a leerlo e hice lo mismo tres veces. Y ahí fue cuando tomé la decisión de hablar y contar mi historia”.
“Ese día los chicos que atienden en el local, se acercaron a la mesa y me preguntaron si estaba bien o me pasaba algo porque me veían mal y me conocen de verme todos los días. Les dije que no, que no pasaba nada. Pero me decía: ‘estás mal, te veo pálido’. A las 22 horas cambiaron el turno y yo seguía en la estación de servicio y seguía con el mismo jugo. Y el que entró también se acercó y me preguntó si me sentía bien o me pasaba algo, y le dije que estaba bien que no pasaba nada. Y cerca de las 12 más o menos me fui”.
El lunes 2 de diciembre, desde la querella se volvió a pedir la detención del cura Lorenzo por un inminente “peligro de fuga”. El pedido se reiteró luego de haberlo pedido el 9 y 21 de octubre y no tener una respuesta por parte de la fiscal Ana Medina, ni la jueza de Garantías Marcela Garmendia.
La Red de Sobrevivientes de Abuso Sexual Eclesiástico de Argentina se formó años atrás y es un espacio de asesoramiento, acompañamiento y contención de pares. Allí están a cargo del asesoramiento y contención psicológica, la psicóloga Liliana Rodríguez y los abogados Carlos Lombardi y Dino Bartoli, en La Plata…y más de un centenar de personas cuyos abusos fueron cometidos en Argentina. Al día de hoy hay al menos 67 curas y monjas, mayoritariamente varones, denunciados, cuatro juicios ya realizados y con condena y dos elevados a juicio.
Aquellos y aquellas que quieran contactarse puede hacerlo por el Facebook: Red de Sobrevivientes de Abuso Sexual Eclesiástico de Argentina, o por mail red.sobrevivientesargentina@gmail.com.

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